domingo, 22 de abril de 2012

EL MUNDIO EN ACCIÓN (1) Miguel de la Quadri Salcedo y el infierno verde del subpop


            
            Algo llamó mi atención durante mi estancia entre los pouerpoinis, fue aquella misteriosa ceremonia por la que todos los miembros de la tribu, vestidos de árboles, flores o animales, desfilaban uno a uno ante el chamán, quien impartía órdenes con un roedor muerto en la mano, mientras sonaba una hipnótica música de flauta. Al concluir el rito, los partícipes rogaban que una divinidad, para mi desconocida, apartara de ellos su ira.

Amuleto pouerpoini

            De nuevo me encontré con esta deidad subiendo el río Ucayali. Los jocosi son un pueblo feliz, o al menos lo aparentan. Desde su más tierna infancia repiten habitualmente una sucesión de sonidos indescifrables, a los que los demás responden con una carcajada, algo forzada a decir verdad, como de compromiso. Dicho uso social tenía poco de cómico, en realidad pretendía conjurar a un extraño dios que según los jocosi podía privarles de la verdadera alegría.

            Los vecinos de los jocosi, los cuentoshini, rinden también culto a un ídolo de esta misma divinidad. Es una especie de masa informe colocada en un pedestal en el centro del poblado. En torno al ídolo los cuentoshini se reúnen para que los chamanes les relaten, una y otra vez, antiguas leyendas sobre fenómenos paranormales y sucesos extraños y paranoicos, con ello pretenden complacer a este dios.

Ídolo cuentoshini

Recreación fotográfica de una narración cuentoshini

            Más intrincados en la selva habitan los psitopalanti. Son adoradores de la misma deidad, a quien atribuyen poderes demoníacos. Como medida de protección, jóvenes vírgenes comienzan un baile primario cuyos pasos, repetidos una y otra vez, acababan siendo imitado compulsivamente por todos los habitantes de la tribu, incluidos los más viejos, los llamados insersi. Hay quien opina que es precisamente ese baile lo que los hace tan longevos. Sabía que me estaba acercando a algo peligroso que inspiraba los más extraños ritos de la Amazonia. Reconozco que sentía miedo de lo que pudiera descubrir, visto el pavor que despertaba este dios-demonio entre los nativos.

Los psitopalanti bailando

            En lo que fueran hace siglos zonas pantanosas, junto al río Cohenga, se asientan los polveri. Es un pueblo constructor. En todas sus edificaciones, de forma obsesiva, se emplea una especie de columna baja, de fuste sinuoso y torneado, de aproximadamente un metro. Dentro de cada una de las viviendas se dispone un altar para el culto de esta deidad demoníaca, a la que los polveri llaman Balaustradi, nombre con el que ha sido bautizada también su peculiar arquitectura.

Ejemplos de arquitectura balaustradi

            Los tuitines, pueblo muy agresivo verbalmente, después en el tú a tú no son nadie, tienen la creencia de que en su territorio habita esta deidad maligna. Son por ello un pueblo engreído y soberbio, al que muchos consideran maldito, de ahí que cubran su cara con máscaras avatávicas, atávicas quería decir, que aseguran su anonimato. Disponen de un lenguaje escrito muy escueto y rudimentario.

            A fin de descubrir el sancta sanctorum del terrible dios, bien pertrechados de espíritu de aventura, emprendimos la ruta hacia su templo, guiados por un tuitín a quien sobornamos con un router wifi. Nuestro guía infringió con ello el juramento sagrado tuitín, castigado con la muerte. Después de tres días adentrándonos en la selva, un templo de piedra negra apareció ante nuestros ojos, desprendía un olor nauseabundo. El templo piramidal se encontraba en un claro, como si repeliera la vegetación. Ningún ave sobrevolaba el templo, no se escuchaban animales, ni siquiera el zumbido de un mosquito. Nuestro guía tuitín salió huyendo despavorido, poco después lo hizo mi cámara y después mi señora, que fielmente me acompaña en mis expediciones. Me quedé solo en mitad de la verde nada, lleno de pavor (y preocupación por mi señora, pues no me fiaba un pelo del cámara, si bien ponía la mano en el fuego por mi esposa).

            En cuanto pisé el primer escalón del negro templo algo me detuvo, un muro invisible me impedía avanzar. Vino a mí una especie de ensoñación, una visión más bien, que oscurecía mi razón. Por mi mente pasaban ideas absurdas que me llevaron finalmente a la iluminación. Sentía que el dios con forma de masa informe estaba allí y que dominaba también mi mente, desde siempre. Este espíritu maligno habitaba en mí, habitaba en todos. Movía lo más inútil de nuestro intelecto, sus más bajas esferas. Esta deidad era el origen de todo pensamiento inútil que se expande como una plaga, de toda creación artística insulsa. Era el origen de los chistes malos, es decir, de casi todos los chistes (siempre me pregunté quién los inventaba); de esa masa informe emanaban las leyendas urbanas (como la del perro, la Nocilla, la niña y Ricky Martin); los bailecitos (los pajaritos y la macarena incluidos); las risas grabadas de las comedias de situación y las palmas promovidas artificialmente en los debates televisivos; las frases famosas que repiten los tenderos; los powerpoints; la arquitectura de fin de semana de los neoricos; los #hastags de moda (sobre reyes que cazan elefantes y petroleras expropiadas); las canciones del verano (y algunas del otoño, del invierno y la primavera); los juguetes absurdos que se ponen de moda entre los niños; los montajes fotográficos; los reportajes de boda; los talleres de manualidades.... es decir, todos los frutos de nuestra imaginación primitiva, cuasi-animal, del primigenio impulso creativo que creíamos extinguido desde la irrupción del arte rupestre. Sólo estos pueblos de la Amazonia, con sus extraños ritos, se encuentran libres de esta maldición, del infierno terrible del SUBPOP.



2 comentarios:

  1. gran crónica de un viaje a los infiernos. Ahora a encontrar financiación para un viaje que nos descubra el origen del regaeton. Yo creo que lo inventó el demonio, pero bueno, es mi opinión. Salud

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias Tirso.
      El demonio del reguetón, si habita en las cálidas costas donde me sospecho, tiene un viajecito. Ahora mismo me sacrificaba yo en nombre de la antropología, con un poco de suerte tardaba un par de meses en encontrarlo.

      Eliminar